
-Ahorita vengo.
Dijo Lourdes y se fue por la calle de tierra con el vestido azul y la bolsa del mandado. César la vio alejarse desde la puerta. Cerró y el sonido del metal contra el metal fue definitivo aunque él no lo supo.
Adentro estaban los niños. Martín, siete años, armaba un rompecabezas de dinosaurios encontrado en la basura. Andrea, de cuatro, dormía abrazada a una muñeca sin ojos. En la cuna prestada el bebé comenzó a quejarse. El bebé sin nombre porque Lourdes decía que había que esperar a conocerlo bien.
César calentó un biberón. Cuando el niño terminó sintió en el brazo el tirón de esa boca pequeña y pensó en Lourdes, en sus pechos llenos de leche.
Pasó la primera hora viendo el reloj, luego la segunda. El sol se inclinó hacia el poniente. Otra vez alimentó al bebé, cambió el pañal. Cuando Andrea despertó le contó un cuento sobre una niña que buscaba a su mamá en un bosque. La niña preguntó: ¿Y la mamá regresa? Él dijo que sí, que solo fue a comprar algo. Al decirlo supo que era mentira.
Cayó la noche y Lourdes no aparecía. Los niños comieron frijoles con tortilla. Martín ayudó a bañar a Andrea. César bañó al bebé sosteniéndole la cabeza. Después los acostó y se quedó fumando en la puerta, mirando hacia el final de la calle donde la tierra se perdía en la oscuridad.
Lourdes no regresó.
Pasaron los días, las semanas, los meses. Martín aprendió a calentar biberones. Andrea aprendió a vestirse sola. El bebé aprendió a sonreírle a ese hombre de manos ásperas. César perdió su trabajo en la construcción y consiguió otro de medio tiempo en una tienda. A veces llevaba a Carlitos —así empezaron a llamarlo— en un rebozo mientras trabajaba.
Los domingos iban a la plaza. César se sentaba en un banco a verlos correr. Veía a las madres llamar a sus hijos y pensaba que los suyos habían aprendido a volver solos, a mirar el reloj del kiosco y a calcular la hora por el sol.
Martín cumplió diez años. César le compró un pastel pequeño con velitas. Después le preguntó qué había pedido. Martín dijo: Pedí que ella esté bien. César puso la mano en su hombro y la apretó.
Una noche César sacó la única foto de Lourdes, donde salía embarazada. La miró largamente y por primera vez no sintió nada. Solo un vacío. Guardó la foto y durmió de un tirón por primera vez en tres años.
A la mañana siguiente despertó con el sol entrando por la ventana. Los niños ya estaban levantados preparando el desayuno. Martín calentaba la leche, Andrea ponía los platos, Carlitos esperaba sentado con un trapo en la mano. César los vio desde la puerta y supo que eso era todo. Que la felicidad no existe o existe así, en mañanas de sol, y niños crecen creciendo.
Salió al patio y miró el cielo. Pensó en Lourdes, en lo lejos que debía estar. Probablemente tenía otra vida, otros hijos.
Volvió a la cocina. Desayunaron en silencio. Después salieron a comprar leche. Caminaron por la calle de tierra, la misma por donde Lourdes se había ido. El polvo se levantaba bajo sus pies. César pensó que todos somos polvo, que el vestido azul era polvo, que el "ahorita vengo" era polvo.
No miró hacia atrás porque ya no había nada que mirar.

Ⓜ️ Contenido Original en español y traducción al inglés en Google Translation.


"𝐋𝐄𝐀𝐕𝐈𝐍𝐆 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐈𝐑𝐓 𝐑𝐎𝐀𝐃"| 𝐒𝐭𝐨𝐫𝐲 (𝐄𝐒𝐏-𝐄𝐍𝐆)
-I'll be right back.
Lourdes said and left down the dirt road in her blue dress, carrying her shopping bag. César watched her walk away from the doorway. He closed it, and the sound of metal against metal was definitive, though he didn't realize it.

Inside were the children. Martín, seven years old, was putting together a dinosaur puzzle he'd found in the trash. Andrea, four, was asleep clutching a doll with no eyes. In the borrowed crib, the baby started to fuss. The baby had no name because Lourdes said they had to wait until they got to know him well.
César warmed a bottle. When the baby finished, he felt the tug of that small mouth on his arm and thought of Lourdes, of her breasts full of milk.
He spent the first hour looking at the clock, then the second. The sun dipped toward the west. He fed the baby again and changed his diaper. When Andrea woke up, he told her a story about a little girl looking for her mother in a forest. The girl asked, "And does her mother come back?" He said yes, that she just went to buy something. As soon as he said it, he knew it was a lie.
Night fell, and Lourdes didn't appear. The children ate beans with tortillas. Martín helped bathe Andrea. César bathed the baby, holding his head. Then he put them to bed and stood smoking in the doorway, staring down the street where the dirt disappeared into the darkness.
Lourdes didn't return.
Days, weeks, and months passed. Martín learned to warm baby bottles. Andrea learned to dress herself. The baby learned to smile at that man with rough hands. César lost his construction job and got a part-time job at a store. Sometimes he carried Carlitos—that's what they started calling him—in a shawl while he worked.
On Sundays, they went to the plaza. César sat on a bench watching them run. He saw the mothers calling their children and thought that his own had learned to walk home on their own, to look at the clock on the kiosk, and to tell time by the sun.
Martín turned ten. César bought him a small cake with candles. Then he asked him what he had wished for. Martín said, "I wished for her to be well." César put his hand on his shoulder and squeezed it.
One night, César took out the only photograph of Lourdes, the one where she was pregnant. He stared at it for a long time and, for the first time, felt nothing. Only emptiness. He put the photo away and slept soundly for the first time in three years.
The next morning, he woke up to the sun streaming through the window. The children were already up, preparing breakfast. Martín was heating the milk, Andrea was setting the table, and Carlitos was waiting, sitting with a cloth in his hand. César watched them from the doorway and knew that was it. That happiness doesn't exist, or that it exists like this, in sunny mornings, and children grow up.
He went out to the patio and looked at the sky. He thought about Lourdes, how far away she must be. She probably had another life, other children.
He went back to the kitchen. They ate breakfast in silence. Afterward, they went out to buy milk. They walked along the dirt road, the same one Lourdes had left on. Dust rose beneath their feet. César thought that we are all dust, that the blue dress was dust, that the "I'll be right back" was dust.
He didn't look back because there was nothing left to look at.

Ⓜ️ Original content in Spanish and translation into English in Google Translation.

Este texto me sacó las lágrimas. No pude evitar pensar en mi sobrino, quien tiene cinco meses que vio partir a su mujer con otro caballero. Ella se fue a "vivir su vida"; y le dejó a él dos niñas: una de 13 años y una de 17. Ahorita está desempleado. Sale todos los días a buscar trabajo, pero la edad es su marca de "lisiado". Tiene 45 años, está muy viejo le dicen en los negocios. Él no pierde las esperanzas de encontrar un trabajo digno. Mi hermana y yo lo ayudamos con lo que podemos. Tenemos sordo a "Dios" para que lo ayude a él; y a nosotras a ayudarlo. Definitivamente, hay personas que el nombre de madre o padre les queda grande.
Me encantó leerte.
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Tu entrada cuenta una historia conmovedora.
La vida siempre superará a la ficción.
Te agradezco hondamente tus palabras y ojalá las cosas con tu hermano se encaminen
Afectos 🌻
Seguro que sí. Parece que lo malo viene en cadena; y lo bueno también. Esperaremos los tiempos mejores. Un abrazo.
Excelente relato, que nos ofrece una realidad muy dura, a través de una lograda ficción y, a la vez, de una conmovedora situación. Saludos, @marabuzal.
Muchísimas gracias.
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