💸 La Heroica Resistencia del Bolsillo Vacío|Artículo Original de Marabuzal ESP-ENG


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Amigos @damarysvibra @miriannalis @irvinc gracias por dejarme entrar aquí y compartir algunas ideas.

Es un auténtico placer!!!

Yo nunca tuve un negocio que fuera a la quiebra. Ni siquiera tuve nunca un negocio. Aunque sí fuimos a la quiebra muchas veces. Y es que aquella fue provocada sobre todo por el vaivén de los precios que se vive en este país donde la miseria campea a sus anchas.

El salario, imagínense. Parece cosa de risa decir que se tiene un salario. Y es el buen humor el que me ha llevado a sortear las duras carencias que he vivido, digamos, toda la vida.

El monstruo invisible, al que llamaré la gran subida, siempre ha estirado los billetes hasta hacerlos transparentes en el aire, como en un sketch de Chaplin. ¿Recuerdas aquella escena donde la cena (valga la cacofonía) se esfumaba del plato del Gran Charlot? Pues así estamos los cubanos.

Uno lee de quiebras corporativas. En mi casa la quiebra siempre fue doméstica, lenta como la evaporación del poder adquisitivo; o como una película muda donde los protagonistas ven cómo el sueldo, en lugar de crecer, se encoge cómicamente hasta caber en la palma de una mano.

Claro que no nos vamos a dejar morir de hambre ni de penurias, y es entonces cuando tomamos una decisión digna de The Luthiers en su fase de "filosofía absurda aplicada": si el mundo se empeñaba en subir los precios, nosotros nos empeñaríamos en bajar las defensas y plantar rosas.

Es una lógica de music-hall, de comedia de lo incongruente: mientras el costo de la vida hacía piruetas en el trapecio del infierno, nosotros cavábamos hoyos con la solemnidad de dos jardineros en una obra de Beckett.

El surrealismo era total. ¿Para qué comprar una lechuga a precio de óleo si podíamos cultivar belleza inútil, gloriosamente improductiva? Nuestro lema, dicho con acento de Carlos López Puccio: "Ante la inflación galopante, una rosa es un acto de desobediencia civil... pasiva y con espinas".

El cuento de hadas de una mejor vida que proponía el sistema se nos fue transformando en una película de Chaplin. Nunca fuimos príncipes expulsados de ninguna parte; éramos Charlot, el eterno vagabundo, al que la vida le ha dado con la puerta en las narices (en este caso, la puerta de los precios).

El bosque oscuro era el laberinto de los precios estratosféricos, las deudas que se multiplicaban igual que los clones de un payaso malvado. Y nuestro "bosque" era el patio, el balcón, la maceta en la repisa. Las rosas bailaron, como en Tiempos Modernos: algo así como un pequeño gesto de gracia y terquedad frente a la trituradora de la economía familiar.

¿Cómo se hace para que un pollo rinda para cuatro comidas, un caldo y una reflexión existencial?
¿Se puede?


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Yo siento que no hemos evolucionado; nunca fuimos gerentes, lo dicho, y la jardinería, pues, mal que bien, siempre estuvo ahí, esperando por nosotros para salir adelante.

Redescubrimos ciertas habilidades: emergió el sustrato con cáscaras de huevo y café (una "sonata para compost y desesperanza"), aprendí a regatearle el agua a las plantas con la precisión de un contable veneciano. La vida necesitaba este giro argumental para dejar de ser un drama y convertirse en una farsa cómico-botánica.

¿Y a dónde quiero llegar con todo esto, se preguntarán ustedes?

Quiero llegar, aspiro, deseo, necesito llegar a una puerta... Quiero detenerme frente a esa puerta, ya sea verde, como aquella de Vargas Llosa (¿o era una casa?), o dorada como dicen es la entrada al paraíso, o negra como la que abre los caminos al sepulcro...

La mentalidad de la puerta cerrada es la de la escasez: "No hay, no alcanza, se acabó". Pero, ¿y si en lugar de un ingreso limitado, la vida es un escenario donde puedes entrar por la puerta de servicio y encontrar el atrezzo más valioso?

Sembrar rosas fue apartar el telón de la angustia. Y al hacerlo, vimos que no estábamos en un desierto, sino en un lugar lleno de utilería gratuita: sol, tiempo, semillas viejas, risas nerviosas.

Las nuevas puertas que se fueron abriendo eran como gags. Una conversación con el vecino sobre el "precio escandaloso de los tomates" derivó, por lógica luthieresca, en un trueque: rosas por huevos. ("Un intercambio ovíparo-petaloso", diría Ernesto Acher. ¡Vuela alto, maestro, acá nos dejas… la epistemología!)

Pero esto no es solo Luces de la Ciudad en el jardín. Hay días en que el aroma a rosas huele raro, verdad que sí,, y se extraña la simpleza de comprar un queso sin hipotecar el alma.

La nueva trama tiene sus conflictos: plagas de pulgones como un coro griego que canta "se acaba, se acaba", o el momento en que una tormenta convierte nuestro jardín en una parodia de El diluvio universal, versión criolla, eso sí.

La clave no es negar la inflación, sino integrarla como el villano de la obra: un monstruo infla globos con billetes hasta que explotan. ¿Habríamos valorado el milagro de un capullo que se abre gratis, si no hubiéramos visto cómo se cerraban tantas otras posibilidades?

Jamás.

El impacto es que nuestra vida pasó de ser una tragicomedia económica a una obra de teatro del absurdo con final abierto. No es que la vida nos cerrara la puerta del "éxito". Simplemente nos dimos cuenta de que estábamos haciendo cola para entrar al teatro equivocado: la obra era aburrida y el precio de la entrada, una burla. Nos salimos de la fila y empezamos a hacer nuestra propia función en la calle, con tiestos, tierra y un sentido del humor a prueba de subidas de precios, correcciones y distorsiones eternas e incorregibles...

Ya casi termino. De verdad, lamento que esto tenga más de 1000 palabras, ojalá no llegue a 1500, jajaja. Lo siento, los narradores solemos ser verbosos...


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Si hoy el costo de la vida te aprieta más que un zapato de payaso, te invito a lo siguiente: Ponte un bombín, toma una vara de bambú (o una cuchara de palo) y declárate en huelga de seriedad.

Da tres pasos de baile hacia atrás. Respira.

¿Qué ves? ¿Un espacio baldío?

Es tu nuevo teatro de lo minúsculo. ¿Hay un amigo en la misma situación? Conviértelo en un dúo cómico: Los Malabaristas del Presupuesto. La primera de miles de puertas nuevas no es una puerta… ¡es la salida de emergencia del sentido común, que da directo al jardín donde todo es posible!

La aventura no es escapar de la crisis, es bailarle un tango, ponerle música de contrabajo y decorarla con rosas. Como dijera un gran maestro de cuyo nombre no logro acordarme: "La vida es como una rosa: tiene espinas, pero qué bonita es cuando decides reírte de ellas y usarlas para pinchar la burbuja de la desesperación". ¡Qué cursi! 🤣

Y ahora, si me disculpan, tengo que ir a regatear con una lombriz. Exige a cambio un poema a su brillantez.

El trueque cultural es el último reducto de la riqueza que va quedando. 🌹🎩🎺

🌐 Artículo original escrito en español, mi lengua materna. La versión en inglés ha sido traducida mediante Google Translate.

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The Heroic Resistance of the Empty Pocket | Original Article by Marabuzal ESP-ENG

Friends @damarysvibra @miriannalis @irvinc, thank you for letting me in here to share some ideas.
It's a genuine pleasure!!!

I never had a business that went bankrupt. I never even had a business. Although we went bankrupt many times. And that bankruptcy was provoked mainly by the constant fluctuation of prices in this country where misery runs rampant.

The salary, imagine that. It seems laughable to even say one has a salary. And it's good humor that has helped me navigate the harsh shortages I've experienced, let's say, all my life.

The invisible monster, which I'll call the Great Price Hike, has always stretched bills until they become transparent in the air, like in a Chaplin sketch. Remember that scene where dinner (pardon the cacophony) vanished from the plate of the Great Charlot? Well, that's how we Cubans are.

You read about corporate bankruptcies. In my home, bankruptcy was always domestic, slow like the evaporation of purchasing power; or like a silent film where the protagonists watch their salary, instead of growing, shrink comically until it fits in the palm of a hand.

Of course, we weren't going to let ourselves die of hunger or hardship, and that's when we made a decision worthy of The Luthiers in their "applied absurd philosophy" phase: if the world insisted on raising prices, we would insist on lowering our defenses and planting roses.

It's a music-hall logic, a comedy of the incongruous: while the cost of living did pirouettes on the trapeze of hell, we dug holes with the solemnity of two gardeners in a Beckett play.

The surrealism was total. Why buy a lettuce at the price of fine oil if we could cultivate useless beauty, gloriously unproductive? Our motto, said with the accent of Carlos López Puccio: "In the face of galloping inflation, a rose is an act of civil disobedience... passive and with thorns."

The fairy tale of a better life proposed by the system slowly turned into a Chaplin film for us. We were never princes expelled from anywhere; we were Charlot, the eternal vagabond, whom life slams the door on (in this case, the door of prices).

The dark forest was the labyrinth of stratospheric prices, debts multiplying like clones of an evil clown. And our "forest" was the backyard, the balcony, the pot on the windowsill. The roses danced, as in Modern Times: something like a small gesture of grace and stubbornness against the shredder of the family economy.

How do you make a chicken last for four meals, a broth, and an existential reflection?
Is it possible?


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I feel we haven't evolved; we were never managers, as I said, and gardening, well, for better or worse, was always there, waiting for us to get ahead.

We rediscovered certain skills: a substrate emerged from eggshells and coffee grounds (a "sonata for compost and despair"), I learned to ration water to the plants with the precision of a Venetian accountant. Life needed this plot twist to stop being a drama and become a comic-botanical farce.

And where do I want to go with all this, you may wonder?

I want to reach, I aspire, I desire, I need to reach a door... I want to stop in front of that door, whether it's green, like that one by Vargas Llosa (or was it a house?), or golden like they say the entrance to paradise is, or black like the one that opens the paths to the tomb...

The closed-door mentality is that of scarcity: "There isn't any, it's not enough, it's gone." But what if, instead of a limited income, life is a stage where you can enter through the service door and find the most valuable props?

Planting roses was pulling back the curtain of anguish. And by doing so, we saw we weren't in a desert, but in a place full of free stage props: sun, time, old seeds, nervous laughter.

The new doors that opened were like gags. A conversation with a neighbor about the "outrageous price of tomatoes" led, by Luthiers-esque logic, to a barter: roses for eggs. ("An oviparous-petalous exchange," Ernesto Acher would say. Fly high, maestro, you leave us here with... the epistemology!)

But this isn't just City Lights in the garden. There are days when the scent of roses smells strange, it's true, and you miss the simplicity of buying cheese without mortgaging your soul.

The new plot has its conflicts: aphid infestations like a Greek chorus singing "it's ending, it's ending," or the moment a storm turns our garden into a parody of The Great Flood, a creole version, of course.

The key is not to deny inflation, but to integrate it as the villain of the play: a monster inflating balloons with bills until they burst. Would we have valued the miracle of a free blooming bud if we hadn't seen so many other possibilities close? Never.

The impact is that our life went from being an economic tragicomedy to an absurdist play with an open ending. It's not that life closed the door to "success" on us. We simply realized we were standing in line for the wrong theater: the play was boring and the ticket price was a mockery. We left the line and started putting on our own show in the street, with pots, soil, and a sense of humor resistant to price hikes, corrections, and eternal, incorrigible distortions...

I'm almost finished. Truly, I'm sorry this is over 1000 words, hopefully it won't reach 1500, hahaha. Sorry, we storytellers tend to be verbose...


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If today the cost of living is squeezing you tighter than a clown's shoe, I invite you to do the following: Put on a bowler hat, grab a bamboo cane (or a wooden spoon), and declare a strike on seriousness.

Take three dance steps backward. Breathe.

What do you see? An empty lot?
That's your new theater of the minucule. Is there a friend in the same situation? Turn it into a comedy duo: The Budget Jugglers. The first of thousands of new doors isn't a door… it's the emergency exit of common sense, which leads straight to the garden where everything is possible!

The adventure isn't escaping the crisis, it's dancing a tango to it, setting it to double bass music, and decorating it with roses. As a great master whose name I can't recall once said: "Life is like a rose: it has thorns, but how beautiful it is when you decide to laugh at them and use them to pop the bubble of despair." How cheesy! 🤣

And now, if you'll excuse me, I have to go negotiate with an earthworm. It demands a poem praising its brilliance in return.

Cultural barter is the last bastion of the wealth that remains. 🌹🎩🎺

🌐 Original article written in Spanish, my mother tongue. The English version has been translated via Google Translate.

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7 comments

Hola @marabuzal. Tu texto me ha estremecido por la crudeza que expresas a la vez que me deja con una sensación de haber leído algo donde no sabes si reír o llorar por todo lo existente.

En ocasiones hablamos de emprender desde una posición netamente personal y confiados en el poder transformador que tenemos para cambiar las circunstancias, cuando sabemos que estás a veces tienen un peso tan grande que como dices abres puertas de entrada y salidas y parece que llegas al mismo sitio, pero no es así, cuando logramos comprenderlo la música ha cambiado y estamos "bailando ese tango" de lo posible.

Gracias por unirte a la conversación propuesta por Emilio y darle ese toque tan humano a lo que resulta inhumano. Saludos cariñosos.

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(edited)

Update: @marabuzal, I paid out 0.962 HIVE and 0.000 HBD to reward 4 comments in this discussion thread.

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Me recuerda las puertas cerradas que mucha gente no tuvo fuerzas para abrir y por ello comieron picadillo de cáscara de burro, nada más parecido que los clavos del zapato bien chuchados como espinas de pescado.

Eres genial, sabes que puerta abrir para llegar a tus lectores. Un abrazo querido @marabuzal

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Gracias, santa luz de los martes.
✍️🌻

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🤣🤣

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Hermoso texto, a pesar del tema que nos golpea. Un abrazo.

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Gracias, amable luz! 🌻

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Hola...!!
El arte hoy, un soplo vital de esperanza.
Saludos.

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Gracias amigo mío.
Un saludo ✍️

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Sí, solo de heroica se puede llamar la estoica resistencia y resiliencia de nuestros pueblos y como bien dices es transformando en parodia la realidad echamos para delante. Gracias por compartir tu experiencia y unirte a este conversatorio donde muchos "somos emprendedores" por las circunstancias.

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Nada como el humor para vadear las penumbras y miserias de este caudaloso río y triste en que se ha convertido la vida de muchos en este lado de los sueños.
Gracias equipo #hispapro
✍️

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