

«Viste a esa perra como se retorcía, no quise darle más puñaladas porque me dolía la mano. Jaja». Murdoc se jactaba ante sus colegas de horrible acto cometido.
«Murdoc, ¿Cuántos vas despachando al infierno?». Uno de sus amigos esperaba expectante su respuesta.
«Entre viejas, niños y ancianos, creo que van 15. Y eso sin contar a los perros y gatos. Jaja». Murdoc mostraba sus innumerables tatuajes tanto en el rostro como en el cuerpo. «Estos pétalos carmesí muestran cuantos pendejos me voy pasando por el cuchillo, jaja»
«Tienes mucho espacio ahí, eh». Otro de los amigos indicaba con el dedo sobre la piel.
«Claro, imbécil. Pienso seguir despachando pendejos al infierno. Quiero superar al Cipriano. Jaja». Murdoc soltaba una bocanada de humo.
«Cipriano es una leyenda, 50 pendejos se despachó. No creo que lo alcances. Jaja». El compañero se reía burlonamente.
«Cállate, Bestia. Ahorita acortó más la ventaja con Cipriano». Con una furia inexplicable, Murdoc se abalanzó sobre su colega y empezó a apuñalarlo.
La sangre brotaba sin control, bañando el dorso desnudo de Murdoc, quien reía como un loco, regodeándose en su locura. El cuerpo de su colega quedaba inerte y desangrado. Murdoc se levantaba y pasaba la lengua por el cuchillo que contenía vestigios de sangre.
«Ahora son 16, cómo te quedó el ojo, bestia. Jaja». Murdoc pateaba el cadáver.
Los demás miraban con miedo al desquiciado Murdoc. Nada se escuchaba en el lugar, excepto las risas burlonas del asesino, quien se paseaba por el lugar y se tomaba un ron como si fuera agua. Después miraba a uno de sus colegas y lo llamaba.
«Yin, debes hacerme otro pétalo carmesí. Eso sí cuidado con maltratarme la piel o lo pagarás caro, jaja». Murdoc mostraba el cuchillo al hombre.
Murdoc salía con una sonrisa de oreja a oreja, buscando otra víctima para su desquiciado record. En su cabeza calva tenía algunos tatuajes de demonios y en la frente el 666. La tinta negra contrastaba con sus ojos marrones, su piel color morena, y rasgos gruesos y toscos, mientras sonreía, dos dientes de oro a los lados y en la parte superior, se veían brillar.
Fumaba su porro y completamente drogado paseaba por las calles oscuras. Hablaba incoherencias, mientras caminaba a la luz de la luna, de entre sombras unos ojos negros seguían a Murdoc. El asesino sintió esa sensación de ser observado, miraba para todos lados y con cuchillo en mano decía, «Que desgraciado pendejo anda ahí. Que salga para pasarle el acero por la carne. Jaja». Murdoc hacía bailar el cuchillo en la brisa nocturna.
En ese instante un gato negro salía corriendo de entre las sombras, haciendo dar un brinco al asesino. Murdoc furioso corría tras el animal, moviendo el cuchillo enérgicamente y soltando saliva como un animal salvaje. «Ven, animal maldito, no te haré daño. Jaja».
El gato se paraba junto a un limosnero que estaba sentado y frente a él había un tarro de lata oxidado, tenía pelo oscuro, largo y enmarañado que le cubría el rostro. «Una monedita, señor».
«Claro, viejo, te voy a dar algo mejor, para que no sufras. Jaja». Murdoc movía el cuchillo y se limpiaba la saliva.
El gato gruñía, y Murdoc se abalanzaba sobre el mendigo, en ese momento el asesino quedó inconsciente. El mendigo se levantó y tomó al asesino. «Ahora tendrás un encuentro con tu destino, Murdoc». El hombre metía al asesino en un costal y guardaba la pistola con somníferos. «Ven, Sócrates, tenemos trabajo que hacer».
El gato y el mendigo llegaron a una cueva, que tenía una puerta camuflada con ramas. Pisó una piedra pequeña a un lado de la puerta y un mecanismo la hacía abrir. El hombre y el animal se perdían en las tinieblas, en tanto la puerta de la cueva se cerraba tras de ellos.
«Al fin llegaste, Gilbert, ¿Qué trajiste para trabajar?». Un hombre con bata de carnicero salía a recibirlo.
«Este es un asesino de una pandilla llamada "Los Meritos". Tiene 15 muertes en su registro, pero esta noche mató a otra persona. A Murdoc lo venía investigando desde hace tiempo. No tiene familia y creció en la calle, es un drogadicto y fanático de los tatuajes, sobre todo le gusta tatuarse pétalos carmesí cuando mata a una persona». Gilbert se sacaba la peluca y se cambiaba.
«Es muy interesante lo de los pétalos carmesí, podemos usarlo para la portada del libro. ¿Qué te parece este título, el asesino de los pétalos carmesí?». El hombre colocaba las manos juntas y luego las movía hacia los lados en un gesto cinematográfico.
«Me parece excelente, Denias. Ahora empezamos con el trabajo». Gilbert con ayuda de su compañero sacaban a Murdoc y lo colocaban en una camilla con amarras. «Tráeme los instrumentos quirúrgicos, debemos hacer rápido el trabajo».
Denias llegaba con los instrumentos, mientras tanto Murdoc volvía en sí y miraba con terror a los hombres que vestían con mascarillas, gorros de cirugía y delantales manchados de sangre. El asesino se movía violentamente tratando de safarse de las amarras.
«¿Quién son ustedes y qué me van a hacer?». Murdoc preguntaba con una voz escuálida.
«Fuiste un malvado, Murdoc. Hiciste mucho daño a la gente. 16 almas claman justicia y ahora recibirán su venganza. Tu piel será la expiación y el recordatorio de todos los crímenes que cometiste». Gilbert tomaba un bisturí afilado.
«Desgraciados, ¿Qué me van a hacer?». Murdoc seguía moviéndose violentamente.
«Denias inyecta el Rocuronio, Debemos hacer esto rápido», Gilbert instaba a su compañero.
La inyección con el líquido era introducido en la piel tatuada de Murdoc, mientras él gritaba desesperado. El líquido recorría su organismo y el asesino despiadado quedaba paralizado, pero consiente.
«Te prometo que esto va a doler como el mismo fuego, Murdoc». Gilbert introducía el bisturí.
Murdoc sentía un dolor terrible mientras era despellejado vivo por Gilbert y Denias. La piel era despojada del cuerpo y separada en una mesa, dejando el cuerpo con los músculos totalmente expuestos y en una agonía terrible al asesino, quien luego murió.
«Está todo listo, Denias. Ahora prepara la piel para hacer las hojas y escribir la historia de este desgraciado». Gilbert limpiaba la sangre de los instrumentos.
Después de unos días, la historia del Asesino estaba lista para ser llevada al editorial. Denias se encargaba de todo el proceso y llegó con el pequeño libro para presentarlo al editor.
«Excelente trabajo, como siempre, Denias. Me gusta mucho las flores carmesí de la portada. Imprimiremos de inmediato las copias». El editor sonreía leyendo la historia. «Me alegra que gente así de mala solo exista en las historias. Jaja».
«Eso dice, Gilbert. Jaja». Denias guardaba el libro en un apartado especial de la biblioteca de la editorial.

"You saw that bitch how she was squirming, I didn't want to stab her anymore because my hand hurt. Haha." Murdoc boasted to his colleagues of a horrible act committed.
"Murdoc, how many are you sending to hell?" One of his friends was waiting expectantly for his answer.
"Between old women, children and the elderly, I think there are 15. And that's not counting the dogs and cats. Haha." Murdoc showed off his countless tattoos on both his face and body. "These crimson petals show how many assholes I'm going under the knife. Haha"
"You have a lot of space there, huh." Another of the friends was pointing with his finger on the skin.
"Of course, asshole. I'm gonna keep sending assholes to hell. I want to surpass the Cipriano. Haha." Murdoc was letting out a puff of smoke.
"Cipriano is a legend, 50 assholes was dispatched. I don't think you'll make it. Haha." The companion laughed mockingly.
"Shut up, Beast. Now I has shortened the advantage more with Cipriano." With an inexplicable fury, Murdoc pounced on his colleague and began to stab him.
Blood gushed uncontrollably, bathing Murdoc's bare back as he laughed like a madman, reveling in his madness. The body of his colleague was left inert and bleeding out. Murdoc stood up and ran his tongue over the knife that contained traces of blood.
"It's 16 now, How do you see it, beast. Haha." Murdoc was kicking the corpse.
The others stared fearfully at the deranged Murdoc. Nothing could be heard in the place, except the mocking laughter of the murderer, who walked around the place and drank a rum as if it were water. Then he looked at one of his colleagues and called him.
"Yin, you must make me another crimson petal. Just be careful not to mistreat my skin, or you will pay dearly for it. Haha!" Murdoc was showing the knife to the man.
Murdoc was walking out with a grin from ear to ear, looking for another victim for his unhinged record. On his bald head he had some tattoos of demons and on his forehead the 666. The black ink contrasted with her brown eyes, her brown skin, and coarse. As she smiled, two gold teeth on the sides and on top, could be seen shining.
He was smoking his joint and completely stoned he was walking through the dark streets. He spoke incoherently, as he walked in the moonlight, out of the shadows black eyes followed Murdoc. The murderer felt that sensation of being watched, he looked everywhere and with knife in hand he said, "What a miserable asshole is walking there. Come, so I can drive steel through your flesh. Haha." Murdoc made the knife dance in the night breeze.
At that moment a black cat came running out of the shadows, making the killer jump. A furious Murdoc ran after the animal, waving the knife vigorously and spitting like a wild animal. "Come, you cursed animal, I won't hurt you. Haha."
The cat was standing next to a beggar who was sitting and in front of him there was a rusty tin jar, he had dark, long matted hair that covered his face. "A coin, sir."
"Sure, old man, I'm going to give you something better, so you won't suffer. Haha." Murdoc was moving the knife and wiping off his saliva.
The cat was growling, and Murdoc was pouncing on the beggar, at that moment the killer was knocked unconscious. The beggar got up and took the murderer. "Now you will have a meeting with your destiny, Murdoc." The man put the killer in a sack and kept the gun with sleeping pills. "Come, Socrates, we have work to do."
The cat and the beggar came to a cave, which had a camouflaged door with branches. He stepped on a small stone on the side of the door and a mechanism made it open. The man and the animal were lost in the darkness, while the door of the cave closed behind them.
"You've finally arrived, Gilbert, What did you bring?" A man in a butcher's robe was coming out to meet him.
"This is a murderer from a gang called 'Los Meritos.' He has 15 deaths on his record, but tonight he killed another person. I've been investigating Murdoc for a long time. He has no family and grew up on the street, he is a drug addict and a fan of tattoos, he especially likes to get crimson petals tattooed when he kills a person." Gilbert took off his wig and changed.





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