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Hace unos días conocí al "Idiota". Y no me refiero a la acepción común del término, esa que abunda en los comentarios de redes sociales o en las reuniones. No. Conocí a un hombre que parecía haber escapado directamente de las páginas de Fiódor Dostoievski.
Hablo de esa pureza exasperante, de esa bondad tan absoluta que te genera un cortocircuito emocional: no sabes si pedirle perdón por existir o darle un bofetón solo para ver si el cosmos, por una vez, reacciona ante la injusticia.
Dostoievski, genio de la angustia existencial y de las facturas siempre vencidas, decidió en 1868 realizar un experimento sociológico extremo: ¿qué pasaría si metemos a una versión de Jesucristo en la alta sociedad rusa del siglo XIX?
El resultado es el Príncipe Lev Nikoláievich Mishkin, un hombre que llega a San Petersburgo con los bolsillos vacíos, el cerebro frito por las convulsiones y un corazón tan grande que no le cabe en el pecho ni en el más elemental sentido común.

La trama es un desastre de buenas intenciones. Mishkin regresa de un sanatorio en Suiza y aterriza en una Rusia obsesionada con el dinero, el linaje y el "qué dirán". El pobre diablo no sabe mentir, no sabe juzgar y, lo más grave de todo, cree que todo el mundo es "bueno en el fondo".
En cuanto pone un pie en la ciudad, se ve envuelto en un polígono irregular amoroso que haría que cualquier reality show moderno parezca una obra infantil de Shakespeare. Tenemos a los tres pilares del caos:
Nastasya Filíppovna: Una mujer fatal con un trauma del tamaño de Siberia. Se odia tanto a sí misma que es capaz de quemar 100.000 rublos en la chimenea (una fortuna obscena en 1868) solo por el espectáculo de ver quién es lo suficientemente ruin para sacarlos del fuego. Ella es el caos encarnado, la belleza herida que busca su propia destrucción.
Rogozhin: Un millonario impulsivo con mirada de loco que representa la pasión oscura. Quiere poseer a Nastasya o matarla. O ambas. En la Rusia de Dostoievski, el amor no es un paseo por el parque, es un duelo a muerte en una habitación oscura.
Aglaya: La hija menor de la familia Yepanchín. Ella ama a Mishkin, pero se burla de él constantemente. Representa la sociedad que ve la luz, pero se siente avergonzada de seguirla porque no es "cool" ni "práctica".
La frase más famosa de este libro es que "la belleza salvará al mundo". Sin embargo, Dostoievski nos lanza esta idea con una ironía. A lo largo de la novela, vemos cómo la belleza moral de Mishkin solo logra que todos a su alrededor se vuelvan un poco más locos.

El Príncipe funciona como un cristal de alta resolución. Cuando la gente se acerca a él, no ven a un santo; ven sus propias miserias, sus avaricias ocultas y su hipocresía recalcitrante. Y, como es de esperar, a la gente le horroriza lo que ve.
La bondad de Mishkin es agresiva porque no pide nada a cambio, y alguien que da sin pedir es visto como una amenaza o como un imbécil.
Lo maravilloso del sarcasmo de Dostoievski es cómo nos presenta a la sociedad "civilizada".
Todos los personajes se consideran inteligentísimos porque saben conspirar, estafar y casarse por interés. Mishkin, que solo sabe decir la verdad y perdonar, es el "idiota". Irónico: en un mundo de lobos, el único que no muerde es el que tiene el diagnóstico médico.

Dostoievski a través de diálogos febriles y confesiones de última hora que te dejan agotado, no hace comprender la psicología del abismo. Entiendes por qué Rogozhin es un psicópata y por qué Nastasya prefiere lanzarse al fuego antes que aceptar una paz que siente que no merece.
El libro es una montaña rusa de tensión sexual, religiosa y social. La escena de los rublos en el fuego es una crítica mordaz al materialismo. En esa época, con ese dinero podías comprar media Rusia y un par de almas adicionales, y verlo arder por el capricho de una mujer rota es el clímax del nihilismo que Dostoievski tanto temía y, a la vez, tan bien retrataba.
Conocer a un "Mishkin" hoy en día, como ese tipo con el que me crucé el otro día, es una experiencia religiosa y aterradora a la vez. Te obliga a preguntarte: ¿En qué momento decidimos que la honestidad era una debilidad? ¿Cuándo empezamos a llamar "inteligencia" a la capacidad de engañar y "estupidez" a la empatía?
El Idiota es largo, denso y a ratos desesperante. Pero es la única forma de entender que, a veces, ser bueno es la mayor y más valiente estupidez que un hombre puede cometer. Si alguna vez conocen a un idiota de estos, no lo desprecien.
Cuídenlo. Porque es el único corazón donde todavía podemos ver lo que nos queda de humanidad, antes de que decidamos también arrojarlo al fuego.

"Es muy fácil vivir haciendo el tonto. De haberlo sabido antes me habría declarado idiota desde mi juventud, y puede que a estas fechas hasta fuera más inteligente. Pero quise tener ingenio demasiado pronto, y heme aquí ahora hecho un imbécil."
"El idiota", Fiodor Dostoievski

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🇷🇺 "The Idiot" by Dostoevsky | Review
A few days ago I met "The Idiot." And I don't mean the common meaning of the term, the one that abounds in social media comments or at gatherings. No. I met a man who seemed to have stepped straight out of the pages of Fyodor Dostoevsky.
I'm talking about that exasperating purity, that absolute goodness that creates an emotional short circuit: you don't know whether to apologize to him for existing or slap him just to see if the cosmos, for once, reacts to injustice.
Dostoevsky, a genius of existential angst and perpetually overdue bills, decided in 1868 to conduct an extreme sociological experiment: what would happen if we placed a version of Jesus Christ in 19th-century Russian high society?
The result is Prince Lev Nikolayevich Myshkin, a man who arrives in St. Petersburg penniless, his brain fried by convulsions, and a heart so big it can't fit in his chest or even the most basic common sense.

The plot is a disaster of good intentions. Mishkin returns from a sanatorium in Switzerland and lands in a Russia obsessed with money, lineage, and appearances. The poor devil can't lie, can't judge, and, worst of all, believes everyone is "good at heart."
The moment he sets foot in the city, he's caught in a chaotic web of love that would make any modern reality show look like a Shakespearean children's play. We have the three pillars of chaos:
Nastasya Filippovna: A femme fatale with trauma the size of Siberia. She hates herself so much that she's capable of burning 100,000 rubles in the fireplace (an obscene fortune in 1868) just for the spectacle of seeing who's heartless enough to pull it out. She is chaos incarnate, a wounded beauty seeking her own destruction.
Rogozhin: An impulsive millionaire with a madman's gaze who embodies dark passion. He wants to possess Nastasya or kill her. Or both. In Dostoevsky's Russia, love is not a walk in the park; it's a duel to the death in a dark room.
Aglaya: The youngest daughter of the Yepanchin family. She loves Myshkin but constantly mocks him. She represents a society that sees the light but is ashamed to follow it because it's neither "cool" nor "practical."
The most famous line in this book is that "beauty will save the world." However, Dostoevsky presents this idea with irony. Throughout the novel, we see how Myshkin's moral beauty only succeeds in driving everyone around him a little crazier.

The Prince functions like a high-resolution mirror. When people approach him, they don't see a saint; they see their own miseries, their hidden greed, and their blatant hypocrisy. And, unsurprisingly, people are horrified by what they see.
Mishkin's kindness is aggressive because he asks for nothing in return, and someone who gives without asking is seen as a threat or a fool. The wonderful thing about Dostoevsky's sarcasm is how he presents "civilized" society.
All the characters consider themselves incredibly intelligent because they know how to conspire, swindle, and marry for money. Myshkin, who only knows how to tell the truth and forgive, is the "idiot." Ironically, in a world of wolves, the only one who doesn't bite is the one with a medical diagnosis.

Through feverish dialogues and last-minute confessions that leave you exhausted, Dostoevsky helps us understand the psychology of the abyss. You understand why Rogozhin is a psychopath and why Nastasya prefers to throw herself into the fire rather than accept a peace she feels she doesn't deserve.
The book is a rollercoaster of sexual, religious, and social tension. The scene of the rubles in the fire is a scathing critique of materialism. At that time, with that money you could buy half of Russia and a couple of extra souls, and to see it burn because of the whim of a broken woman is the climax of the nihilism that Dostoevsky both feared and so aptly portrayed.
Meeting a "Mishkin" today, like that guy I ran into the other day, is a religious and terrifying experience all at once. It forces you to ask yourself: When did we decide that honesty was a weakness? When did we start calling the ability to deceive "intelligence" and empathy "stupidity"?

The Idiot is long, dense, and at times maddening. But it's the only way to understand that, sometimes, being good is the greatest and bravest stupidity a man can commit. If you ever meet one of these idiots, don't despise him.
Take care of him. Because he is the only heart where we can still see what remains of our humanity, before we decide to throw it into the fire too.
"It's very easy to live by being a fool. Had I known that earlier, I would have declared myself an idiot from my youth, and perhaps by now I would even be more intelligent. But I wanted to be clever too soon, and here I am now, a complete imbecile". The Idiot, Fyodor Dostoevsky

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Qué buena review del libro mi estimado @marabuzal. Es muy cierto que la aparición de un elemento nuevo puede cambiar todo un sistema o dejar al descubierto sus miserias.
En este caso, la aparición de este hombre lleno de bondad se convierte en el catalizador de toda una serie de reacciones en los otros.
Más allá de la novela, leyendo la publicación me vino a la mente Susana de Buñuel.
Magnífica publicación.
Un saludo muy grande!!
@enraizar estimado, Buñuel bebiendo de Dostoievski no lo pondría en dudas. La sombra del escritor ruso planea sobre su cine: la exploración de la culpa, el sufrimiento como vía de conocimiento y la rebelión.... Incluso es posible que el humor ácido de Buñuel parezca en ocasiones, pariente lejano de esa mirada con que el ruso, compasivo y despiadado, diseccionó el alma humana. Dos gigantes unidos por su obsesión por los abismos morales.
Agradecido por tu entrada!
Gracias a tí, mi estimado @marabuzal, por traer a este gran psicólogo a HIve. Decía Freud que mientras la psicología ni fuera ciencia habría que buscarla en la literatura.
Un abrazo muy grande!!
Ha conseguido hacer una reseña tan fresca, tan amable de un libro tan denso y colosal. Amé 👏
Gracias, amable mujer de letras y decencia 🌻✨
Nos ilustras y recuerdas que estos personajes son arquetipos eternos. La pureza ética de este personaje, su bondad radical e ingenua, choca en cualquier época, pues actúa como espejo y baluarte moral de un mundo pragmático y cínico. Gracias por tu reseña siempre aterrizada. 💜🤍
Me gusta ganar lectores para la causa de la decencia y el contenido de valor en #hive.
Esta comunidad es francamente, el lugar ideal para ensayar ideas y hacer lo que más me gusta, promover la lectura, los autores y los buenos libros.
Un abrazo grande 🌻✨
Te acompaño