

Las manos no mienten.
Guardan las evidencias que las palabras manipulan.
Muchos las ocultan
para esconder las marcas del tiempo
en el cronómetro de la vida.
Guantes de seda,
anillos de oro y diamantes,
maquillaje efímero de la flacidez de las carnes.
Los dedos
nos avisan primero de que la fecha de caducidad se acerca.
Las manos no mienten,
porque son firmes o tiemblan.
Sostienen o dejan caer.
Ni los ojos ni la boca tienen esa sinceridad perenne.
Las manos no mienten,
por eso, cuando hablabas del futuro
nunca me dejaste sostener las tuyas.
¡Bravo!