
La ciudad celebró su festival anual como de costumbre, excepto que este año las sombras se negaron a seguir a sus dueños. Al principio, nadie lo notó. El gentío llenaba la plaza Mayor, con sus puestos de algodón de azúcar y sus farolillos de colores. La música de la banda municipal retumbaba contra las fachadas antiguas.
Fue una niña, tirando del bajo de la falda de su madre, quien lo señaló con un dedo tembloroso. «Mamá, la tuya se ha quedado atrás». La mujer miró al suelo y un grito se ahogó en su garganta. Su silueta, una mancha alargada y oscura, permanecía inmóvil junto al quiosco, como una mancha de aceite en la piedra.
El pánico cundió como la pólvora. Los hombres giraban sobre sí mismos, buscando a sus dobles perdidos. Las sombras, sin embargo, parecían indiferentes al drama. Algunas se estiraban perezosamente, buscando el frescor de la fuente; otras se amalgamaban en un rincón, como si compartieran un secreto. Una, especialmente alargada, trepaba por la fachada del ayuntamiento, acariciando el reloj.
Cuando el alcalde, sudoroso, arengaba a la multitud a la calma, su propia sombra se despegó del adoquinado, adoptó una forma vagamente humana y, con un gesto despectivo, le arrebató el bastón de mando. Luego, como una lagartija, se perdió callejón arriba, dejando a la ciudad sumida en la más absoluta, y silenciosa, oscuridad.

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𝚁𝚎𝚋𝚎𝚕𝚕𝚒𝚘𝚗 | 𝚂𝚝𝚘𝚛𝚢 (𝙴𝚂𝙿-𝙴𝙽𝙶)
The city celebrated its annual festival as usual, except this year the shadows refused to follow their owners. At first, no one noticed. Crowds filled the Plaza Mayor, with its cotton candy stands and colorful lanterns. The music of the municipal band reverberated against the old facades.
It was a little girl, tugging at the hem of her mother's skirt, who pointed with a trembling finger. "Mommy, yours's been left behind." The woman looked down, and a scream caught in her throat. Her silhouette, a long, dark smudge, lay motionless beside the kiosk, like an oil stain on stone.
Panic spread like wildfire. Men spun around, searching for their lost doubles. The shadows, however, seemed indifferent to the drama. Some stretched lazily, seeking the coolness of the fountain; others huddled together in a corner, as if sharing a secret. One, particularly elongated, climbed the facade of the town hall, caressing the clock.
As the sweating mayor urged the crowd to calm down, his own shadow detached itself from the cobblestones, assumed a vaguely human form, and, with a contemptuous gesture, snatched the mayoral staff from his hand. Then, like a lizard, it disappeared up the alley, leaving the city plunged into utter, silent darkness.

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Siempre es culpa de los políticos! 😆 Buen relato! Buena suerte en el concurso!
Jajaja inevitablemente, siempre son culpables.
Muchas gracias ✨