Hola cinéfilos.
Yo soy de los que piensa que el cine de acción de finales de los noventa tenía una energía contagiosa, sin tantos efectos digitales pero con ganas de contar historias sorprendentes.
Hello film buffs.
I’m one of those who thinks that late-nineties action cinema had a contagious energy, not so many digital effects but a real desire to tell surprising stories.

Recién volví a ver una de esas películas que envejecieron como el buen ron Havana Club, se trata de "Enemigo público", en 1998 parecía un aviso, aunque sonara a ciencia ficción paranoica, tiempo después lo vivimos cada vez que abrimos el teléfono o aceptamos cookies en internet, por lo que además de un thriller trepidante, era una profecía incómoda, de hasta dónde puede llegar el abuso de poder, cuando la tecnología se pone al servicio de los malos de turno.
Este filme nos conecta con Robert Clayton Dean, un abogado exitoso de Washington D.C. interpretado por Will Smith, que un día sin saberlo termina en posesión de una cinta de video que prueba el asesinato de un congresista, dicho crimen fue orquestado por un alto funcionario del gobierno llamado Thomas Reynolds (Jon Voight), quien dirige una agencia de seguridad, desde ese instante mismo la vida de Dean se transforma en una especie de infierno: lo vigilan, lo siguen, le cancelan las tarjetas de crédito, lo despiden del trabajo, arruinan su reputación y hasta intentan incriminarlo por asesinato; sin saber a quién recurrir, Dean encuentra ayuda en una figura misteriosa y subterránea: Brill (Gene Hackman), un exespía que hace años vive fuera del sistema y que conoce muchos trucos para invisibilizarse de los medios electrónicos del gobierno.
I just rewatched one of those movies that has aged like fine Havana Club rum: Enemy of the State. Back in 1998 it felt like a warning — even if it sounded like paranoid sci-fi — but later we ended up living it every time we open our phones or accept cookies on the internet. So besides being a gripping thriller, it was an uncomfortable prophecy about how far power abuse can go when technology is put in the service of the bad guys of the moment.
This film connects us with Robert Clayton Dean, a successful Washington D.C. lawyer played by Will Smith, who one day unknowingly ends up in possession of a videotape proving the murder of a congressman. That crime was orchestrated by a high-ranking government official named Thomas Reynolds (Jon Voight), who runs a security agency. From that very moment, Dean’s life turns into a kind of hell: he’s watched, followed, his credit cards are cancelled, he gets fired from his job, his reputation is ruined, and they even try to frame him for murder. Not knowing who to turn to, Dean finds help in a mysterious, underground figure: Brill (Gene Hackman), a former spy who has lived off the grid for years and knows many tricks to make himself invisible from the government’s electronic surveillance.


El guión va escalando la información, en el primer momento Dean no entiende lo que ocurre, aunque yo tampoco lo entendía, esa confusión hace que te angusties, luego salta a escena el personaje de Brill que explica cómo funciona la vigilancia masiva, emulando una lección de suspenso tecnológico. Creo que a veces exageran un poco con las persecuciones, así como que hay algunas escenas de acción algo extensas, robándole algo de protagonismo a la historia principal, aunque las mismas están muy bien logradas, como también lo es un tiroteo que ocurre ya hacia el final de la trama, y aunque están muy bien hechas, hay planos rápidos, imágenes de mucho contraste con movimientos de cámara que te marean un poco, y como una obsesión por mostrar tecnología como si fuera arte, los ritmos electrónicos de la música te mantienen expectante.
Will Smith sin ofrecer una de sus mejores actuaciones, cumple con este personaje de abogado que pasa de vivir comodo a tener que esconderse. Gene Hackman, en el papel de Brill, un tipo medio desaliñado, transmite mucha seguridad en cada diálogo, con una esencia de genio paranoico que sabe más que cualquier agencia del gobierno. Jon Voight el villano Thomas Reynolds, trae ese personaje frío y calculador, dejando una frase medio icónica: "Estamos en guerra las veinticuatro horas del día", justificando cualquier disparate, en él se reconoce una actitud un poco recurrente de algunos gobernantes de hoy día.
The screenplay escalates the information gradually. At first Dean doesn’t understand what’s happening — and neither did I — and that confusion makes you anxious. Then Brill’s character comes on stage and explains how mass surveillance works, delivering a lesson in technological suspense. I think they sometimes go a bit overboard with the chases, and some action scenes are a little too long, stealing some spotlight from the main story — though they are very well executed, as is a shootout toward the end of the plot. Even though they’re very well done, there are quick cuts, high-contrast images with camera movements that make you a bit dizzy, and an obsession with showing technology as if it were art. The electronic music beats keep you on edge.
Will Smith, without giving one of his best performances, gets the job done as this lawyer who goes from living comfortably to having to hide. Gene Hackman, as Brill — a somewhat scruffy guy — exudes confidence in every line, with the essence of a paranoid genius who knows more than any government agency. Jon Voight as the villain Thomas Reynolds brings that cold, calculating character, leaving behind a somewhat iconic line: "We are at war twenty-four hours a day," justifying any absurdity. In him, you recognize a somewhat recurring attitude of some of today’s leaders.


En la trama se retrata que el problema no es el Estado en sí mismo, sino los burócratas y demagogos que utilizan el poder del Estado para sus propios fines, Thomas Reynolds no persigue a Dean por órdenes superiores, sino para cubrir su propio asesinato y para que se apruebe una ley que lo hará más rico y poderoso. La vigilancia masiva, los satélites, las escuchas telefónicas... todo eso puede ser una herramienta para proteger a los ciudadanos, pero en manos equivocadas se convierte en un arma de destrucción personal, hoy con la cantidad de datos que dejamos en internet, esta idea es más actual que nunca, ya no se necesita un satélite para espiar a las personas, basta con nuestro teléfono, computadora o nuestras redes sociales.
No es una película profunda ni filosófica, pero cumple con su objetivo de entretener, al tiempo que transmite una especie de desconfianza saludable hacia los que nos vigilan.
The plot portrays that the problem is not the State itself, but the bureaucrats and demagogues who use state power for their own ends. Thomas Reynolds isn’t going after Dean on higher orders, but to cover up his own murder and to get a law passed that will make him richer and more powerful. Mass surveillance, satellites, wiretapping — all that can be a tool to protect citizens, but in the wrong hands it becomes a weapon of personal destruction. Today, with the amount of data we leave on the internet, this idea is more relevant than ever. You no longer need a satellite to spy on people; your phone, your computer, or your social media will do.
It’s not a deep or philosophical movie, but it achieves its goal of entertaining while conveying a kind of healthy distrust toward those who watch us.

Posted Using INLEO